Dos lápices, un relato (57º parte)

¡¡Hola Criaturas!!  Hoy ya es sábado lo que significa una nueva entrega de la sección "Dos lápices, un relato". Como ya sabréis yo escribo un trozo y mi amigo del blog Alquimista de las palabras otro, así que, espero que luego os guste.

Los tres muchachos corrieron vertiginosamente hacia el castillo. No tenían ni la más remota idea de como iban a entrar en aquella fortaleza o en que habitación tendrían encerrada a Evelyn, pero poco tardaron en averiguarlo. Una luz verde iluminó una de las salas del ala este del primer piso. Entrar sería sencillo, pero no sabían cuantos de aquellos seres estarían hay dentro y si llegarían a tiempo para salvar a su amiga. Aun así no desistieron y continuaron corriendo hacia aquel castillo. 

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La luz verde que inundaba la estancia fue adquiriendo un color verde más intenso a medida que los cánticos se entonaban más altos. Evelyn hacía ya tiempo que había perdido la esperanza de salir de allí con vida, por lo que, lo único que pudo hacer fue llorar silenciosamente y acordarse de sus compañeros que tanto la habían ayudado: Helena, James, Sául...

De repente, los cánticos cesaron y sobre ella apareció una horrenda criatura. A primera vista Evelyn pensó que era otro de aquellos monstruos, pero se equivocaba. Ese era mucho más grande que su madre y sus compañeros; sus garras podrían despedazar a una vaca en cuestión de segundos; y sus ojos, tan grandes y rojos como la sangre misma, la miraban fijamente. Aquella mirada no transmitía nada bueno, solo crueldad, asco y hambre.

- Mi señor, nos alegramos de que esté de nuevo entre nosotros. 
-¿Habéis llevado a cabo la misión que os encomendé?
- Mi señor, algunos de los niños sucumbieron al mal de forma esperada, pero otros- formuló mientras me observaba-, no han salido según lo esperado. 
- ¡ME HABÉIS FALLADO ESTÚPIDOS! La misión era muy sencilla.
- Mi señor, lo sentimos mucho...
-¡Calla! Si esta humana no sirve de nada ya sabéis lo que tenéis que hacer con ella. 
-Mi señor, habíamos pensado que usted podría ocupar el cuerpo de la niña y...
- Sabes que no puedo hacer eso, la poca energía que me queda se agotaría, y quedaría atrapado para siempre entre este mundo y el nuestro. Ya conocéis muy bien lo que habéis de hacer con ella. 

3 comentarios:

  1. ¡Hola!
    YA he dicho varias veces que me encanta esta iniciativa y hacéis que tenga ganas de leer más:)

    Un abrazo.

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  2. Hola!
    Me ha encantado el relato.
    Esta idea me parece increible y escriben cosas geniales.
    Besos

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