Dos lápices, un relato (51º parte)

¡¡Hola Criaturas!!  Hoy ya es sábado lo que significa una nueva entrega de la sección "Dos lápices, un relato". Como ya sabréis yo escribo un trozo y mi amigo del blog Alquimista de las palabras otro, así que, espero que luego os guste.

El señor Leichter miraba desde la ventana de su despacho. Habían acordado refugiar en el colegio a todos los heridos y supervivientes del ataque; al ser principio de verano los alumnos y profesores ya se encontraban en vacaciones, por lo que nadie se daría cuenta de su pequeña ocupación. En el pequeño despacho, sentados en las sillas, se encontraban James y Helena. Las noticias que estos le habían traído tampoco mejoraban la situación. Gracias a la traición de Grace y a las mentiras de Gunther, quien había confesado sus pecados nada más llegar al edificio pero se había negado a contar otro tipo de información, cada vez estaban mas lejos de derrotar a esas infernales oscuras y recuperar a Evelyn. El señor Leichter se giró para hacer frente a sus dos acompañantes.
-No os voy a mentir, las cosas están bastante negras, y el hecho de que no sepamos donde pueden encontrarse no ayuda demasiado.
Helena miraba al suelo mientras se mordía las uñas, aunque en realidad ya poco le quedaba por morderse. James miraba al habitáculo, acordándose de la última vez en las que los 5 habían compartido ese lugar. ¿Quién le hubiese dicho a él que las cosas se irían a torcer tanto?
- Me he quedado sin ideas y no sé que más puedo hacer. Además, tenemos un montón de miembros heridos y no podemos dejar sus cuidados y su futuro de lado.
Tras decir esas palabras James y Helena parecieron volver al mundo real y ambos le miraron asombrados.
- ¿Eso significa que vamos a dejar a Evelyn a su suerte?
- No quería decir eso...
- ¡Sabemos que los demás compañeros son importantes, pero también lo es ella!- James ya había empezado a subir el tono.
- ¿Y qué propones que hagamos? Estoy abierto a cualquier propuesta.
- ¡Cualquier cosa menos quedarnos de brazos!
La conversación tardó poco en convertirse en discusión y los tonos de la voz fueron elevándose poco a poco.  Hasta que de repente Helena les cortó:
- ¿Por qué no le preguntamos a Gunther?
- ¿Crees que no lo he pensado?- la voz de Leichter pareció volver a su tono original- No ha querido hablar, solo ha contado lo que le ha interesado. Creedme si os digo que hemos intentado todo por hacerle hablar.
- Déjame intentarlo a mi.
- Helena, ¿qué te hace pensar que a ti sí te lo va a decir?
- Créeme, lo hará.

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