Dos lápices, un relato (49º parte)

¡¡Hola Criaturas!!  Hoy ya es sábado lo que significa una nueva entrega de la sección "Dos lápices, un relato". Como ya sabréis yo escribo un trozo y mi amigo del blog Alquimista de las palabras otro, así que, espero que luego os guste.

James y Helena corrían por los pasillos sorteando los obstáculos que encontraban a su paso. Muchos de ellos eran paredes o partes del techo que se había desprendido; sin embargo, también era considerable el número de cuerpos que se arremolinaban bajo los escombros. Helena se paró en seco y se quedó observándolos. Era una lástima que aquellas personas hubiesen perecido siendo tan jóvenes, cuando aún les quedaba tanto por aprender y vivir, cuando aún les quedaban tantas conciencias por revolver.  Solo esperaba que sus amigos no hubiesen corrido la misma suerte. De repente, una mano se poso sobre su hombro.
-Debemos seguir buscando, estoy seguro de que están bien.
Siguieron buscando durante unos minutos hasta que oyeron un sollozo tras una de las puertas de los últimos pisos. Sin pensárselo dos veces entraron en la habitación. Allí, en medio de la sala, se encontraba una especie de bulto que subía y bajaba de una forma casi rítmica. Los chicos se acercaron a él con cautela pero, al darse cuenta de quien se trataba corrieron hacia él.
- ¡Gunther! ¡Estás vivo! Que alegría -James intentó levantar a su amigo del suelo, pero este no se lo ponía fácil-. Vamos Gunther, levanta, tenemos que salir de aquí y mirar si estás herido. ¡Vamos!
-Gunther ¿sabes donde está Evelyn? ¿la viste cuando ocurrió el ataque?
Gunther dejo de sollozar y les miró a los ojos, daba la sensación de que el muchacho no estaba allí con ellos. Al final, fue capaz de articular alguna palabra:
- Se la han llevado
- ¿Quiénes? Gunther ¿quiénes?
-Su madre, un grupo de personas del mismo aspecto que su madre y... - Gunther parecía no tener fuerzas para seguir hablando.
- ¿Y quién más Gunther dínoslo?
- Y Grace.

***

Cuando Evelyn se despertó no tenía ni idea de donde estaba; debían haberla dormido o hechizado antes de llegar allí. Aquella pequeña estancia, por no llamarlo cuchitril, se parecía bastante al trastero donde su madre la había hecho prisionera con anterioridad pero, en esta ocasión, el lugar estaba perfectamente iluminado. Evelyn intentó ponerse de pie pero le fue imposible; volvía a estar encadenada de pies y manos. ¡Que vicio había cogido la gente con las cadenas! Al instante, la puerta de la celda se abrió. Era una de las compañeras de su madre:
-Es la hora.

1 comentario:

  1. Hola!!
    Pues me ha gustado mucho. ¿Forma parte de algún libro que estéis escribiendo? Porque yo quiero seguir leyendo!! :D
    Saludos! <33

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