Dos lápices, un relato (43º parte)

¡¡Hola Criaturas!!  Hoy ya es sábado lo que significa una nueva entrega de la sección "Dos lápices, un relato". Como ya sabréis yo escribo un trozo y mi amigo del blog Alquimista de las palabras otro, así que, espero que luego os guste.

La gente corría de un lado a otro por el pasillo principal. Empujándose, gritando, intentando llegar a alguna parte. Evelyn había perdido de vista a su grupo de amigos cuando Gunter había entrado en el comedor gritando que su madre y demás enemigos estaban allí. Al igual que los demás corría pasillo arriba sin saber a donde dirigirse. De repente alguien le agarro del brazo. Era Gunter.
- ¡Por aquí Evelyn!
Sin pensárselo dos veces, siguió al chico por todas las instalaciones.

***

Madre se encontraba todavía fuera del escondite. Estaba esperando a alguien. Mientras pensaba en las miles de formas que había para destruir a esos mocosos una dos mujeres y dos hombres llegaron a su lado.
-¿Dónde está él?- pregunto una de las mujeres con una voz tan lúgubre que podría haber asustado a cualquiera.
-Tuve que matarlo.
-¿Y eso?
-Le había cogido demasiado cariño a la niña.
Nadie volvió a decir nada durante unos minutos, hasta que uno de los hombres dio unos pasos al frente y, sin mirarles dijo:
- Ya es hora de que acabemos con ellos.

***

Evelyn llevaba siguiendo a Gunter durante un buen rato. Ya estaba cansada de correr y empujarse con la gente que no les dejaba pasar.
-¿Falta mucho?
-Tranquila, ya estamos llegando.
Tras bajar varios pisos y meterse por ciertos pasillos, al final, llegaron a una especie de sala blanca donde no había ningún mueble. Lo que ha Evelyn más le llamó la atención fue que allí no había nadie salvo ellos dos. La muchacha se dio la vuelta para hacerle una pregunta a Gunter cuando se fijó en la llama sobre su cabeza. Era de color rojo.
- Perdóname Evelyn, no es nada personal.
Y con esa frase la dejó encerrada en aquel lugar.

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